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[12°2′00″S 77°1′00″O]

yopin Larcomar, en Miraflores. Está en la barranca, bajo tierra.

Lima es gris. Amanece gris, mediodiza gris, atardece gris y anochece gris (gris clarito). No se ven estrellas, no se ve la luna, no se ve azul. A lo sumo, con suerte, se ve celestito (y cómo cuesta). También hay neblina. A veces no se ve un par de cuadras más adelante. Es húmeda, pero no llueve. Casi nunca, siete milímetros anuales. La tormenta de Santa Rosa acá sería una leve garúa que apenas humedece. Si se llega a mojar el asfalto se dice que llovió mucho. Lee el resto de esta entrada »

[13°22′55″S 72°24′01″O]

Abancay desde Ampay

¿Se acuerdan de la chica de Abancay de la terminal de colectivos de Cusco ? ¿La que estudia en Arequipa, se llama Crisia y nos dijo que sus padres podrían recibirnos? Le hicimos caso y pasamos a conocer esta ciudad en la ladera de la montaña.

Llegamos a Abancay después de un viaje prolongado por un colectivo descompuesto, a la noche. Era un poco tarde ya, así que caminamos por la calle principal una cuadra hasta encontrar a unos parseros que vendían artesanías. Expertos en conseguir buenos alojamientos, nos recomendaron uno, adonde fuimos más tarde después de inaugurar nuestras ventas de anillos de macramé. Lee el resto de esta entrada »

Cusco: Iglesia de la Compañía de Jesús (J & Co)

[13°31′31″S 71°58′09″O]

Llegamos muy temprano a la terminal de Cusco, así que esperamos a que abriera un cyber para leer las respuestas de couchsurfing. Mientras tanto charlamos una media hora con una chica de Abancay, que nos invitó a la casa de sus padres. Como nuestro anfritrión nos esperaba al mediodía, tomamos un taxi hasta el mercado. Allí cerca por fin conseguimos yerba, al módico precio de once nuevos soles (¡cuatro dólares!).

Llegamos a casa de William, donde hay montones de personas todo el tiempo, yendo y viniendo. Es una casa hostel, y aunque no se cobra por el alojamiento en general ofrecen a los visitantes hacer tours, cosa que en principio no está mal…

Llegamos y fuimos a la plaza de armas, donde como por arte de magia encontramos a Natalia, que en un mail que no leímos nos dijo que nos encontrábamos a esa hora en ese lugar. Ella hacía unos días que estaba en Cusco, pero todavía no había hecho Machu Picchu. Averiguamos las formas de ir hasta alli (las que no incluyen un tren que cuesta 100 dólares) y finalmente decidimos contratar lo que proponía nuestro huésped, unas combis que nos llevarían hasta la hidroeléctrica, y desde allí caminaríamos unas dos horas hasta Aguas Calientes, justo debajo de la famosísima ciudad Inca. Lee el resto de esta entrada »