[27°28′16″S 58°50′25″O]

Playa de corrientes

Playa de corrientes

La mañana siguiente nos levantamos temprano. Al sacar la cabeza de la carpa pudimos ver a las urracas moradas y comunes, caraduras ambas, que se acercaban a pocos metros de nosotros. Las fotos, en la cámara de rollo, se las debemos.

Después de preparar el mate caminamos por un sendero. Como el día anterior, no se dejaron ver muchas aves. Al volver preparamos todo para cruzar a conocer Corrientes.

corrientes-callesLlegamos a Resistencia y cruzamos por el puente hasta la ciudad de Corrientes, del otro lado del Paraná. Nos sorprendió una gran costanera y, en el sur, grandes playas de arena limpia. El río en este lugar es más claro que el Paraná que se puede disfrutar en Rosario, metimos las patas. En la costanera abundan los vendedores de chipá de diferentes clases. El centro nos pareció bastante tranquilo, y dimos algunas vueltas antes de comer en la costanera y volver a cruzar a Chaco.

Una vez en Resistencia buscamos un conocido camping, ubicado a solo unas cuadras del centro. Después de armar la carpa salimos a caminar. Nuestro amigo Jose de Makallé nos había recomendado no perdernos los mejores chipás del mundo, que al parecer se venden en un negocio frente a la esquina de la plaza. Casi lo olvidamos, pero cumplimos y acordamos: son exquisitos. Los helados bastante bien también.

Mi homónimo

Mi homónimo

Los mejores chipás del mundo

Los mejores chipás del mundo

RAM

RAM

Visitamos la Casa de las culturas y pasamos frente al museo de la memoria, vistosamente pintado. Ya de noche volvimos al camping, donde unos alemanes paraban con su camión gigante dakarianamente todoterreno. No cruzamos palabras, ni miradas, apenas los vimos. Pensamos qué pensarían.

Al otro día seguimos para el norte.

Superpaseo

Superpaseo

Llegamos a la ciudad de Formosa justo a la hora del hambre. Entrando a la ciudad una cruz gigante en caños nos llamó la atención. Buscamos el río y lo encontramos frente a un gran paseo, con bancos y palmeras. Allí terminamos un salamín excelente que habíamos comprado en el Chaco. Paseamos por todo ese camino donde, por lo menos a esa hora y con ese sol, había más gente trabajando y regando las plantas, que caminando o corriendo. Los árboles son todavía muy jóvenes y no hay sombra.

La plaza nos pareció un poco más extraña que las normales o conocidas argentinas. Concluimos que tal vez sea similar a las paraguayas.

Esta foto costó sangre

Esta foto costó sangre

Cerca del atardecer llegamos al Parque Nacional Río Pilcomayo. Nuestros alados amiguitos sibilantes festejaron nuestra llegada, en realidad ávidos de alimento. Tenemos que aclarar algo: la cantidad exagerada de mosquitos no es normal, había llovido hacía tres días, según nos contó el guardaparques. Así que no descarten esta zona en sus futuras vacaciones… Y casi nos olvidamos de mencionar que la entrada y el camping en este parque y en el anterior en Chaco es gratis.

El parque no nos podría haber recibido mejor. No sabemos si por la hora o por el poco tránsito de personas, todo el camino desde esta foto hasta el área de camping lo hicimos a paso de hombre, descubriendo animales por todas partes, reconociendo nuevas aves con nuestra guía, una fiesta de la fauna. De fondo, miles de palmeras caranday.

Palmeras y jote

Palmeras y jote

Al rato de llegar al sector de camping y baños apareció el guardaparque, al que parecía no molestarle demasiado el bzbzbz de los mosquitos en los oídos. -Estoy acostumbrado, hoy estuve patrullando a caballo, no te imaginás… Nos indicó dónde armar la carpa y ya no volvimos a ver al amable muchacho.

Curiosos

Curiosos

El sitio de acampe no es grande, solo un claro en el medio de los árboles. Prendimos un pequeño fuego para hacer humo, efectivo repelente, casi cayendo el sol. Mientras cocinábamos en el fogón escuchamos algunos ruidos, y se hicieron presentes estos cautelosos visitantes. Alrededor de cinco zorros, desconfiados pero decididos a investigar qué hacíamos por ahí. Nos divertimos mirándolos y sacando fotos.

Urracas

Urracas

Al otro día las urracas comunes, el fueguito repelente, el matecito con tostadas y mermelada casera. Después de charlar con los relevos del guardaparques que conocimos el día anterior, salimos a recorrer los caminos, con un dato tirado casi al azar, de que en el segundo puente había una yacaré con sus crías.

La familia

La familia

Al llegar al que posiblemente era el segundo puente, se me ocurre mirar a mi izquierda, hacia abajo, donde había algo de agua. Pensé que ese era un buen sitio para un yacaré. Y allí estaba mamá yacaré y sus yacarecitos. Paramos el auto y observamos. Los chiquitos tomaban sol sobre un tronco, y al lado la mamá servía de plataforma a otros bebés yacarés.

Nos faltaba conocer la laguna Blanca, con sus senderos entre la vegetación que llegan a unos muelles sobre el lago. Algunas veces los yacarés se acuestan sobre las maderas, pero no ese día.

Hora de despedirse, por un rato, del país. Ya es hora de llegarnos al Paraguay, que es la meta de este viaje. Pero eso quedará para la próxima…

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