[25°16′55″S 57°38′06″O]

Asunción

Asunción

Alcanzamos la frontera a la tarde, después de pasar cerca de Clorinda. El trámite, que debía ser simple y rápido, nos demandó un buen rato, gracias a la gran capacidad del gendarme paraguayo para encontrar quintas patas a los gatos. Sin embargo pudimos pasar, algo desanimados por semejante corrupta bienvenida.

¿Más polenta o arroz?

¿Más polenta o arroz?

Llegamos en un rato más al centro de Asunción. Paramos el auto para descansar un poco y ver qué hacer. Un señor en moto se acercó a la ventanilla y comenzamos a conversar. Mario, su nombre. Trabaja para un hotel, busca viajeros con su moto. Nos dio un lindo mapa de la ciudad y charlamos un buen rato, incluso de política. Su simpatía y humildad nos hizo olvidar el episodio fronterizo; lleno de amabilidad nos ofreció conducirnos a ver ese hotel, sin compromiso.

De espaldas al río

De espaldas al río

Paraguay es caro, el cambio no nos favorece, y el hotel resultó que costaba varios cientos de pesos argentinos la noche. Al ver el tipo de bueyes con los que estaba queriendo arar, nos llevó a otro hotel, de un amigo suyo. Nos consiguió un precio más o menos decente y decidimos quedarnos. La promesa de una cochera y la cercanía al centro nos terminó de convencer. Al no saber el precio de la plata, le dimos todo el cambio que teníamos en guaraníes, la moneda del lugar, no poco pasado a pesos, pero que no llegaba a media cerveza para él. También le toqué un tango, quedó contento el buen hombre.

Conciencia política

Conciencia política

Una vez instalados salimos a caminar al centro con el fueye. Conocimos las cuatro plazas y vimos algunos bares, pero no dio para tocar. Entramos en un restaurante que por fuera no parecía caro, pero fuimos eyectados por los precios (una empanada, 20 pesos argentinos). Cuando todo parecía perdido, descubrimos en la plaza los carritos de hamburguesas, donde comían los policías y otras personas. Baratazo y rico; a dormir.

Yuyeros

Yuyeros

Al otro día nos encontramos con las plazas llenas de vida y las primeras costumbres extrañas para nosotros, como las ollas de comida, los alquileres de equipos de tereré y venta de hierbas. Hay varias mesitas repletas de yuyos, que uno puede elegir y que son machacados en un mortero. El tereré fue declarado patrimonio nacional cultural recientemente. Es preparado en una guampa (lo que nosotros llamamos mate, el recipiente) que puede ser de varios materiales, y agua helada. Los yuyos, después de ser machacados, van en la jarra o el termo.

Con Artigas, vo

Con Artigas, vo

Conocimos la plaza Uruguaya, con su estatua de Artigas, y caminamos por las calles del centro. Rápidamente descubrimos cuál era el lugar para tocar. Sobre la famosa calle Palma se reúnen decenas de vendedores, artesanos y otros puesteros. Encontré un lugarcito y me puse a tocar. Algunos se paraban a mirar, otros venían a charlar. Justo enfrente, casualmente, el Banco de la Nación Argentina.

Se acercó uno de los artesanos que parchaba por ahí, y nos pusimos a charlar. Es argentino y está viviendo en Paraguay con su novia. Cuando terminé de tocar nos ofrecieron ir a quedarnos en su casa al otro día, en un pueblo llamado Areguá. Contentos dijimos que sí y decidimos quedarnos otra noche en Asunción.

Calle de Yaguarón

Calle de Yaguarón

Al otro día los chicos, Leo y Ada, tenían que trabajar, así que aprovechamos nosotros para salir a conocer Yaguarón después de tocar en el mismo lugar. Aunque el pueblo está a unos 50km tardamos bastante en llegar, por el tráfico.

Plaza

Plaza

Cerca de la plaza nos sentamos a probar las primeras empanadas paraguayas (a un precio normal, 4 pé). Después del sánguche de mila y las empanadas decidimos conocer el cerro que hay por allí. Después de perdernos un rato llegamos a la base. Se acercó un chico amigable, para decirnos que nos vio que dábamos vueltas perdidos (de hecho tomé una ruta de contramano). Nos comentó que había que subir caminando, que el auto lo podíamos dejar allí. Como preferíamos no subir, le gritó a un señor que venía a cuidar el auto, que no era necesario. Lo hizo en guaraní. Ipso facto, empezó nuestra primera clase de guaraní con un excelente profe. Teníamos algunas palabras y frases que nos leyó.

Ñande mbo’ehara

Ñande mbo’ehara

Nos dejó grabarlo, encantado. Aprendimos que las “y” no se pronuncian como una “i”, sino que es un sonido gutural muy difícil de hacer, y que “ã” no suena como “a”, sino como una “a” nasal. Lo mismo si ~ aparece sobre otra vocal.

Alrededor de una hora pasamos con el chico, ultracurioso, contándole cosas y contestando sus preguntas. Saqué el bandoneón, lo dejé tocar. Después vino un amiguito, Joel, que también estaba encantado de charlar.

Copaado

Copaado

El sol ya estaba pronto a irse, así que nos despedimos de nuestros nuevos amigos, antes de volver a Asunción. Llegamos de noche. El restaurante de las empanadas caras, como era sábado a la noche, ocupaba con sus mesas varias veredas vecinas. Mesas llenas de clientes, del restaurante y de mi música. Toqué en dos cuotas, la gente aplaudía y me escuchaba con atención. Después de la segunda vez, cuando me disponía a volver con Lola con mi sombrero lleno, una señora vino a invitarme a comer. Le dije que me esperaban, y retrucó con otra invitación, ahora para dos.

¿Quiénes?

¿Quiénes?

Nos sentamos a su mesa, también estaba su padre. Dijo que le había cambiado la noche, que estaban discutiendo hasta que escucharon la música. Ella progresista, él del partido colorado, tuvo cargos en el estado, fue varias cosas que no recordamos. Preguntaron qué queríamos comer, dijimos que eligieran ellos. -No hay una sopa más rica que el caldo de surubí de este lugar. Tenían razón. Después de tocar un poco más, comer y charlar,  nos despedimos.

Del otro lado de la calle nos esperaban Leo y Ada, con sus bolsos listos para ir a Areguá. Pero esto ya está maduro como para publicarlo, será en la próxima.

Nueva costanera y Lo

Nueva costanera y Lo

-¿Lugo estáa? -Noo, le hicieron una caama

-¿Lugo estáa? -Noo, le hicieron una caama

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