Iglesia y patio, en San Cosme y Damián

Iglesia y patio, en San Cosme y Damián

[-27.3142, -56.3317]

Dejamos la casa y nos encontramos nuevamente con la ruta, que nos llevó hacia el sureste, sin saber exactamente dónde haríamos noche. La idea era conocer algunas ruinas jesuitas, que son las más grandes. En el camino compramos comida en un almacén, empanadas y sopa so’o (carne en guaraní), una especie de pastel de carne con polenta en vez de puré, de sabor similar al tamal.

Sopa so'o

Sopa so’o

Así llegamos a San Cosme y Damián, un pueblo al oeste de Encarnación. El sol estaba pronto a ponerse, y después de pagar la entrada en el lugar de interpretación de las ruinas, lo observamos con un telescopio. ¿Al sol, con un telescopio, en una misión jesuítica? Resulta que en esta misión vivió Buenaventura Suárez, nacido en la ciudad de Santa Fe, y que fue muy conocido por ser el primer astrónomo del hemisferio sur, creando su propio telescopio con materiales de la zona, y realizando observaciones que le valieron el reconocimiento en la comunidad científica europea.

Techo desde abajo

Techo desde abajo

Esta reducción jesuitica tiene una iglesia que aún hoy se utiliza, y posee los edificios mejor conservados, que fueron restaurados en 1977 después de un voraz incendio ocurrido hacia el 1900.

En el patio todavía hay un reloj de sol, construido por el bienaventurado.

Santa ofrenda

Santa ofrenda

Después de la visita guiada por las no-tan-ruinas entramos en una sala del centro de interpretación, donde vimos un video sobre la forma en que los guaraníes veían el cielo. Por ejemplo, la vía láctea era llamada Mborevi Rape (camino del tapir), pues su brillo y su curso sinuoso les recordaba al camino que siguen los tapires. Recién, buscando un poco, me entero de que el programa Stellarium, libre, muestra las constelaciones de diferentes culturas, entre ellas la guaraní.

Esfera armilar y observatorio

Esfera armilar y observatorio. Foto: http://www.ultimahora.com

Después del video, esperamos a que se hiciera de noche y entramos en el observatorio. Al abrir el techo corredizo, pudimos ver a través del telescopio a Júpiter con algunas de sus lunas, a Sirius, la estrella más brillante del firmamento y finalmente a la luna, que estaba cerca de estar llena. Aprendimos los nombres de algunas constelaciones y estrellas, y jugamos con una esfera armilar de hierro, que permite ver las diferentes constelaciones, la eclíptica, etc. También nos dijeron que hay un nuevo signo, llamado Ofiuco, que cambiaría el signo de los nacidos en determinada fecha, y en otras personas también. Después de investigar un poco, los dejo tranquilos: no es así, los signos son los signos, y que una constelación toque la eclíptica no significa que se convierte en signo. (ni les digo cómo estaba Lola con lo militante que es por su signo)

Embalse de la represa Tierra de la luna

Embalse de la represa Tierra de la luna (Jasy-reta, Yacyretá)

La sorpresa fue que nos permitieron acampar en el predio del centro de observación, con baño, expendedor de agua caliente y seguridad. Ahí nomás se hizo presente la garrafita, y una receta original: spaguetti con salsa de sopa crema de sobre. Mientras tanto, la luna iluminaba, alfa y beta centauro se iban corriendo alineadas, al oeste se escondía Júpiter y al este subía Saturno.

Al otro día nos levantamos temprano, levantamos campamento, y nos llegamos a ver el Paraná embalsado, buscando en realidad una panadería. No, buscábamos ambas cosas, pero imaginarán en qué orden.

Paredón... tierra roja

Paredón… tierra roja

Con la entrada a este lugar podíamos recorrer otras dos reducciones jesuiticas. Fuimos entonces a Trinidad, hacia el este de Encarnación. Llegamos con el sol bien alto y fuerte. La nave central conserva un gran muro con estatuas y bajo relieves. Están conservados también los sistemas de recolección de agua de lluvia, los baños y muchas otras construcciones. Las habitaciones de los indios, donde vivían familias enteras en una pieza, daban a un pasillo que recordaban los conventillos urbanos.

Púlpito sin tentaculós

Púlpito sin tentaculós

En la guía que nos llevó a recorrer San Cosme y Damián, en los folletos y los carteles explicativos, no encontramos ningún signo de crítica sobre el papel de los jesuitas en el sometimiento y explotación económica de los pueblos guaraníes. Siempre se repite el discurso iluminista de una razón imperante que viene a permitir el progreso de una cultura inferior y atrasada que, agradecida, ve incluso con buenos ojos este don que reciben, de forma supuestamente pacífica y consensuada.

Ya volviendo, la ruta ondulada, tanque vacío, casi podíamos sentir la cercanía a la frontera. Varios autos demasiado lentos, pasando, pasando, sirena, espejo retrovisor, chata 4×4 de la policía. Efectivamente, habíamos pasado con doble línea… La idea era que fuéramos a una oficina a pagar no sé qué barbaridad de plata, que no teníamos y que no gastamos en toda nuestra estadía en ese país. Súplicas, explicaciones, caras largas, más explicaciones, -no tenemos, mire, no tenemos ya nafta y no pudimos cargar. Más súplicas, explicaciones… Viene un tipo y le regala al yuta una bolsa de uvas y se va; más explicaciones, demostraciones, definiciones, -no es mi auto, vea la tarjeta, estamos viajando en carpa, le muestro si quiere. En fin, yo creo que más de media hora así… media hora pesada… -bueno, vayan entonces, guárdense los pocos, les van a servir más allá.

Va a ser hermoso hacer un puente...

Va a ser hermoso hacer un puente…

Cruzamos ese puente que une Encarnación y Posadas con mucho alivio. En la aduana nos revisaron un poco el baúl, pero qué íbamos a traer. Había autos con televisores LCD de quinientas pulgadas, a ellos sí conviene revisar mejor…

Conseguimos unos flores de sánguches en una panadería y facturas. Ya estábamos en la provincia de Misiones, ya nos esperaban las aguas grandes, Yguazu.

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