[32°29′00″S 58°14′00″O]

“Vayan formando parejas, si es que gustan de bailar, que un típico chamamé muy pronto se ha de escuchar.”

Peñas espontáneas

Peñas espontáneas

Un fin de semana al año se hace un encuentro chamamecero en Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos, llamado De costa a costa. Los organizadores son militantes activos de la causa entrerriana chamamecera. Y es que el chamamé es muchos chamamés, con sus matices y formas de bailarlo a lo largo de toda la zona mesopotámica y por fuera, porque ya se dijo en el encuentro, la cultura no sabe de fronteras y aduanas.

Así es que cerca del mediodía llegó la delegación rosarina al batallón del ejército, lugar destinado al encuentro. Dos cantantes (cantantas), dos guitarristas (uno y una) y un bandoneonista (por ahora tanguero).

Delegacion rosarina

Delegacion rosarina

Desde el principio se escucharon guitarras y acordeones. Después de los saludos de bienvenida nos juntamos todos en ronda en un sector del gran parque del batallón, bajo un enorme tanque de agua. (En general esta entrada del blog debe leerse lentamente, todo a su tiempo, nada forzado y a las corridas; porque nos pareció todo así, fluyó como el agua de un gran río tranquilo, marrón o azul, dependiendo de la costa).

Jorge Méndez cantando su Puerto Sánchez

Jorge Méndez cantando su Puerto Sánchez

En esta gran ronda vimos quiénes estábamos, aunque vendrían nuevos personajes (todos personajes). Hubo una presentación musical de los grupos que llegaron armados, dos amigos de Paisandú, Uruguay; varios chajarienses, guitarristas; algunos gualeyos; otros paranaenses, por ejemplo un trío de chicas que tocaban y cantaban; dos chicos de la isla lechiguana, en Ibicuy; los hermanos de Rocamora; armónica de Nogoyá, capital provincial del semáforo en rojo, y así.

Guillermo

Guillermo Zarba

Entre los presentes se encontraban algunos muy conocidos compositores y músicos, como Carlos Santa María, Jorge Méndez, autor de Canción de Puerto Sánchez; el pianista Guillermo Zarba , que dio una charla y mostró por qué le decían cuarta aumentada; el Negro José Castro “El Chamarritero”, con sus más de 80 años, etc. Todos se veían muy contentos por esta movida que crece año tras año, de ver tanta gurisada tocando y fomentando el género. Porque había una gran cantidad de los concurrentes que tenían menos de 18 años, y que tocaban que no se dan una idea.

Además de las charlas, entre las cosas más lindas estaban las mini peñas que se generaban todo el tiempo, por todo el predio del batallón (aunque nos habían dado órdenes de “no dispersarnos”, ¡qué difícil para tantos músicos colgados!). Bastaba que dos o tres de estas pequeñas bestias con sus instrumentos quedaran solos para que empezara a sonar un chamamé, una chamarrita, un rasguido doble, y así por horas.

Peña en el comedor

Peña en el comedor

La primera noche se armó una gran peña en el lugar donde comíamos, y hubo baile, vino y música hasta bien tarde. Pero al otro día, cerca de las 8, ya estaban los gurises sacando sillas al solcito para tocar un rato. Ahí hicimos el Libertango más litoraleño que se haya escuchado.

Las barracas, escenario de la última peña

Las barracas, escenario de la última peña

La comida siempre fue rica y abundante, nos avisaban que estaba lista y cada uno, a su tiempo, iba entrando en el comedor, donde desde una ventana nos daban una bandeja de acero bien grande llena de comida. Los chicos del batallón contentos de tener música, los soldados también muy amables y serviciales. Los primeros días nos costó asimilar los grandes fal que colgaban de los que están haciendo guardia, pero después o bien nos acostumbramos, o se dieron cuenta de que no éramos peligrosos y ya no estaban tan cerca.

Schubert Flores hablando sobre Sampayo

Schubert Flores hablando sobre Sampayo

La primera mañana fuimos todos a una playa, y debajo de un árbol el investigador Schubert Flores nos habló largo y tendido sobre el gran Aníbal Sampayo incluyendo  sus chistes y anécdotas, que eran ampliadas por varios de sus amigos que se encontraban escuchando. Compositor de grandes piezas como “Garzas viajeras”, “Ky chororó” y “Río de los pajaros” (el Uruguay no es un río, es un cielo azul que viaja…) y nacido en Uruguay, encontró en la Argentina, y particularmente Entre Ríos, un lugar para expresarse. Así fue que decenas de cantantes argentinos grabaron sus temas, y llegó a ser muy conocido, aunque nunca perdió su esencia que, según nos contó Schubert, tenía que ver con decir algo arriba del escenario y abajo ser lo mismo. Así es que enfrentó la cárcel y el exilio por ser parte de la causa tupamara, cruzando armas por la frontera. Durante un interrogatorio dijo -yo solo soy un traidor, voy y traigo las armas, un traidor.

Ricardo Dimotta

Ricardo Dimotta

Ese mediodía tuvimos la visita de Ricardo Dimotta, nieto de Abelardo, famoso acordeonista, que mandó una humilde solicitud de inscripción al encuentro, por lo que fue entusiastamente invitado. Se acercó con dos guitarristas y después de comer pudimos disfrutar, de postre, del sonido del mismo acordeón de su abuelo. Así escuchamos clásicos entrerrianos, como “El carretel” y “Jazminero” del fueye que los hizo sonar por primera vez.

Ballet de chamamé

Ballet de chamamé

La siguiente tarde, o la misma (fueron un par de días pero hicimos tantas cosas), el ballet de chamamé de Federación nos regaló una muestra y clase de baile acompañados por un trío con bandoneón (Luis Silvestri), guitarra y bajo. Así aprendimos sobre los distintos estilos de chamamés, que son nombrados según los intérpretes. De esta forma, al norte tenemos el estilo de Tránsito Cocomarola, romántico, elegante, melódico, melancólico. Se baila con pasos lentos, apretados, arrastrados. En la zona de Curuzú Cuatiá está el estilo de Tarragó Ros, más picadito y movido, que se baila con el abrazo más abierto porque necesita espacio por el despliegue de zapateo. Hay mucho sapucai y revoleo de poncho en señal de alegría. Los zapateos se hacen solamente en el estribillo, cuando la música aumenta su intensidad, y nos explicaron que cuando un bailarín empieza los demás también lo hacen, no vayan a quedar como menos machos y el otro como el que manda. Del lado uruguayo predominó el chamamé montielero, nombrado así por Ernesto Montiel que también tiene su estilo de baile particular, con tomas abiertas, giros y contragiros. Por último, en la zona del norte de Entre Ríos, tenemos el estilo de Abelardo Dimotta, un intuitivo que supo ponerle su sello a todo lo que tocaba. El baile de esta zona es más sencillito, sin zapateo o figuras, o como dijeron, un estilo tranquilón.

Todos estos datos los recopilaron en el ballet mediante investigaciones, hablar con la gente de cada lugar, escuchando historias. Y todo se habló en tiempo pasado, ahora no están tan separados los estilos. Existe, sin embargo, un paso básico que estos profesores llaman hamacado que es común a todos los estilos, que tienen como característica que la dama nunca debe soltarse, ni siquiera para zapatear. Existen figuras similares a ochos de tango que puede hacerlos el hombre hacia adelante, o los dos al avanzar. Otra técnica que aprendimos más tarde en la clase fue hacer los pasos al doble de tiempo, arrastrados y hamacarse como un junco, lentamente, y pegados en el abrazo. Lo cual fue sumamente útil cuando las pantorrillas empezaban a avisarnos que estamos fuera de estado. También, en su investigación, pudieron ver que muchos bailarines empiezan con el pie izquierdo hacia atrás como en una pose final de tango. Esto se llama “probada de la dama”, y se usa para evitar los choques de rodillas y las posibles consecuencias moretoneras y vergüenceras.

Chamamé y poesía

Chamamé y poesía

Para el último día del encuentro, el domingo, los organizadores tenían ya preparada una lista de grupos de personas y de temas a interpretar, para el cierre frente a la plaza. Los grupos los prepararon ellos, mezclándonos a todos con todos, con un repertorio de chamamés principalmente entrerrianos. Así fue que, después de comer, cada uno buscó a su grupo y nos dispersamos (en contra las órdenes recibidas el primer día) por todo el parque para armar los arreglos. La Romi tocó junto a la Chela, una flautista de Paraná; Andrés junto a dos chicos en acordeón y guitarra acompañaron a la Nati; Maia  cantó “Garzas viajeras” y a mí me tocó “Alborada y melodía”, junto a Marino y Juan Martín.

Bailanta callejera

Bailanta callejera

Llegó la noche y fuimos a la plaza. El fresco se hacía sentir. El escenario estaba montado sobre una explanada cruzando la calle, que había sido cortada por los varitas (ver diccionario, ah, no hay de entrerriano, significa agente de tránsito), por lo que la gente la fue poblando de reposeras. Desde allá arriba bajaba la música de los grupos, que uno a uno iban mostrando lo que habían armado durante la tarde. Al terminar de tocar todos los grupos tocamos juntos, en un ensamble que habíamos armado el día anterior, el chamamé “Estancia La Isabel” y un tema de Jorge Méndez que cantaron las chicas de la delegación rosarina (aunque Nati sea paranaense, es nuestra).

Los culpables de todo esto, organizadores DCAC

Los culpables de todo esto, organizadores DCAC

Para cerrar, se subió el drim tim de acordeones, una guitarra, y se armó la bailanta. En la calle bailamos, y se pudo ver bien lo que habíamos escuchado en la clase, cada persona baila el chamamé como lo siente, y hay un estilo por pareja que baila.

Después algunos ya se fueron volviendo a sus pagos, y los que quedamos nos fuimos al muelle a guitarrear un rato. También hubo un poco de baile para matar el frío, pero en general fue más bien un encuentro bien íntimo entre amigos. Escuchamos glosas, chamarritas, milongas, tanguitos montieleros, valses, algún rasguido doble y hasta un par de tangos.

Al otro día Romi y Andrés tomaron una clase con Nardo González, guitarrista que acompaña a Barboza, que terminó en una mini zapada entre los cuatro, como para completarla.

Y así fue terminando este encuentro tan colmado de música, de nuevas músicas para mí, y volvimos en el auto como no podía ser de otra manera, guitarreando y cantando.

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