[31°44′40″S 60°31′03″O]

Puerto Sánchez

Puerto Sánchez

Y se vino un nuevo llamado desde el otro lado del río Paraná; los militantes chamameceros volvieron a la carga con una nueva edición del encuentro De costa a costa, esta vez en la ciudad de Paraná, a un par de horas de viaje desde Rosario, frente a la ciudad de Santa Fe, por la que hay que pasar antes de descender bajo las aguas del río para atravesarlo por el túnel subfluvial.

El contingente rosarino esta vez redujo su número, no por falta de predisposición o presupuesto, sino más bien por obligaciones pre acordadas. En definitiva, solo viajó un servidor.

Diego Espíndola pasando la data

Diego Espíndola pasando la data

Llegué el jueves cerca del mediodía, al solcito ya estaban los primeros con el mate y algunas guitarras y en la cocina el J empezaba a cortar las cebollas para el guiso. Después de conocernos un poco más, de palabra y musicalmente, tuvimos la visita de Diego Espíndola, guitarrista del maestro Edmundo Pérez y del bandoneonista Luis Bertolotti (al que escuché mucho mucho después del  encuentro anterior). Charlamos sobre las diferencias entre estos músicos, entre grabar solo cuando ya se tocó un tema un año seguido a encontrarse un rato antes en el estudio y tocar lo que salga.
El centro de este encuentro era el tanguito montielero, un tipo de música que nada tiene que ver con el tango; se lo llama así por la selva de Montiel. Es similar a la chamarrita, aunque más lenta, y se tocaba al final de los bailes, ya para apretar un poco más. El rasguido es particular y lo tuvimos al grande de Diego mostrándonos, permitiendo grabar videos, etc. Después se quedó guitarreando, compartiendo, enseñando… Yo me animé a tocar un tema que saqué de un disco de Luis Bertolotti donde él grabó, y me acompañó. Después me dijo que en realidad nunca lo tocan igual, siempre le andan cambiando alguna cosa.

Para la noche unos buenos choripanes (¿a la plancha?), festejo del cumple de Maru y una clase bárbara de tanguito montielero con Nico y Natividad. El tanguito se baila arrastrado, un poco agachado, sacando las caderas al caminar, cadencioso. También nos enseñó algunos pasitos más complicados, quebrando los tobillos, y los “rastro de leña”, pasos que vendrían de bailar en un lugar donde se apilaba leña y quedaron pocitos y trocitos de leña.

Ni hablar sobre la guitarreada, que siguió hasta tarde, bien regada, algo que se mantendrá así todas las noches.

Pero no comimos pescado

Pero no comimos pescado

Al otro día, “temprano”, al salir de las piezas ya estaban los primeros sobrevivientes con Jorge Méndez y su mujer, mateando y charlando. Con Jorge habíamos compartido el encuentro anterior, aunque me quedé con ganas de charlar un poco más. De cualquier forma, en estos meses que pasaron entre los dos encuentros, escuché y estudié varios temas suyos, en especial El viejo aguará, que me recuerda mucho a mi infancia y a un isleño con quien compartí muchos momentos en la isla frente a Rosario. Le comenté que había pasado este tema a partitura para aprender a tocarlo, y le pedí que me firmara esa hoja, muy cholula, pero cariñosamente. Accedió alegre como es, y más tarde, frente a Puerto Sánchez, me dedicó El viejo aguará, cantado a capella y con fondo de canoas y camalotes…

Minga y Jorge

Minga y Jorge

Y lo seguimos a Jorge como en procesión, y cada tanto paraba, señalaba una barranca y contaba que allí nació una canción, que cantaba, y que de noche se ven las luces de Santa Fe, y allí aparecía otra melodía, y las canoas, la luz, el viento, el río. Porque recitaba y cantaba lleno de vida, y algunos hacíamos fuerza para que la emoción no se escape por los ojos mientras escuchábamos que todos juntos cantábamos lo mismo.

Frente a la casa de Minga

Frente a la casa de Minga

Al llegar a Puerto Sánchez, una calle de tierra con casas de un solo lado, porque en la otra vereda empieza el río, lo vemos acercarse a Jorge con una señora del brazo. Dominga Ayala, Minga, como después nos dan ganas de llamarla, nos cuenta su historia, la que inspiró la Canción de cuna costera de Linares Cardozo. Porque viajaron dos meses río arriba en un barco hasta llegar ahi, porque aprendió a escribir de grande para poder contar su historia en poesías. Si quieren la pueden conocer en este documental. Aunque éramos más de veinte nos invitó a subir a su casa, llena de recuerdos, distinciones, fotos, dibujos y contestaba el bombardeo de preguntas con tranquilidad.

Miguel González

Miguel González

Volvimos golpeados de tanta poesía viva, medio sin creer lo que habían sido esas dos últimas horas, y nos recibió algo muy terrenal: tremendo guiso de lentejas. Después nos escapamos a comprar unas mandarinas, que eran más convenientes por cajón, así que llegamos justo para la charla de Miguel González, acordeonista, que nos habló sobre la chamarrita y el tanguito montielero y la entrada del acordeón a estas tierras desde Europa, en las manos de alemanes e italianos.

En el CC Juan L Ortiz

En el CC Juan L Ortiz

A la noche nos esperaba un recital en el centro cultural Juan L. Ortiz, para mostrar lo que cada uno ya venía tocando. Aunque no hubo mucha gente, disfrutamos mucho el buen sonido y el lugar, una vieja estación de trenes convertida en espacio cultural.

Al otro día nos reunimos en ronda al sol para una charla sobre el poeta Marcelino Román, ofrecida por el también poeta Juan Manuel Alfaro, en ocasión de la presentación de su libro sobre la obra del primero.

Buseca (mondongo+porotos+etc)

Buseca (mondongo+porotos+etc)

Después de una suculenta buseca (primera vez para mí) ya estábamos listos para lo que venía. Taller de ensamble, que es entre todos tocar alguna cosa. En este caso hicimos el tanguito montielero Chispazo del fogón que nos enseñó Diego y Canción de Puerto Sánchez.
Más tarde, los organizadores designaron, a piacere, los grupos que formaríamos y qué temas haríamos, por supuesto de autores entrerrianos. La idea es que ninguno se lo sepa de antemano, algo que conmigo no cuesta nada y con algunos de los asistentes mucho. Llegaron a hacerle tocar la guitarra a un acordeonista para llevarle la contra, imaginen.

A la noche se iba organizando La sapucai, bailanta con varieté, mientras los nuevos y azarosos dúos, tríos y cuartetos se reunían donde podían para hacer los arreglos (cabe destacar que en el anterior encuentro tuvimos toda una tarde y en este un par de horitas; como viene la mano para el próximo nos tiran el nombre del tema en el escenario; igual nos divertimos, lo importante es el desafío, compañero).

Cuando volvimos a entrar en nuestro comedor ya estaba transformado por luces, banderines y gente de afuera que vino a la bailanta. Al rato se armó la clase de chamamé con Yimi y Javier, que empezaron con el paso más básico y le fueron agregando algunas figuras que pueden hacerse, como un rulito en el sentido contrario a los del tango y la canoíta, que duplica el tiempo de baile y hace que la pareja se meza como una canoa sobre las olas. Y esa es la idea que dio la profe sobre lo que hay que sentir al bailar, un subir y bajar como de olas de río.

Después fuimos pasando para tocar los temas que preparamos. En nuestro caso, con Pini tocamos una milonga campera con guitarra y bandoneón, Pueblito de mi Entre Ríos.

Malambo sureño con Nico

Malambo sureño con Nico

Más tarde vimos malambear al que fue nuestro profe de tanguito montielero, Nico, que hizo dos entradas, con malambo norteño y sureño. El primero es con botas y mucha vigorosidad, acompañado por guitarra y bombo. El segundo, en cambio, se baila descalzo y los movimientos son muy sutiles y medidos, aunque requieren de gran concentración y fortaleza para lograr gran prolijidad.

En el banco, al lado mio, estaba sentado Jorge, que me avisa que van a hacer El viejo aguará (en mi menor, me aclara) para que toquemos todos. Y así se armó un grupo con los del encuentro, que nos apretamos en el escenario para acompañarlo a Jorge, que en los estribillos nos hacía cantar a coro. Como no podía ser de otra forma, también hicimos Canción de Puerto Sánchez.

(Pueden ver más videos del encuentro, incluido parte del paseo con Jorge y la charla con Minga)

Mucho frío, pero sol no faltó

Mucho frío, pero sol no faltó

Siguió la música, los bailes, los encuentros, hasta que nos quedamos solos, aunque no parecía importar mucho, porque seguían sonando los temas, que no pararon por mucho más.

Al otro día, al levantarme, me encontré con una ronda de gurisitos con los chicos del encuentro hablándoles de música y leyendas, cantando y enlazando a otra generación más en esta tarea que tienen de compartir todo esto tan lindo. Así los dejé, y volví tarareando recuerdos, ¡pero qué lindo amanecer tagüé!.

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